Oigo unos pasos y me asomo a la ventana para reorganizar mi cabeza y eso hace que una vez más me derrumbe. Sí, como me dijiste ayer fue un día pésimo para dos de las personas que más quiero en este mundo. Ver unos ojos llorosos que sabías que tarde o temprano iban a llorar te impresiona y dar ánimos cuando no los hay y prometiste que no habría más de tu parte aún más. Estoy que no me lo creo porque ahora la alegría, el fulgor y la gloria están celebrándolo a lo grande y yo ni siquiera estoy invitada, además ese tampoco es mi sitio. Sólo me preocupé porque quería saber cómo estabas, eres importante para mí y si tú estás mal yo también, recúerdalo siempre, pase lo que pase. Por un día no te puedo hacer reír y eso me frustra.

Divinas por Oxford.
Sólo me queda arrepentirme y al final no sirve de nada porque ni se van a derramar menos lágrimas en el mundo, ni la cosa va a mejorar. Sólo me queda pensar que el viernes está ahí y el sábado a un día de este último, que todo aquello fue mentira y que corregir es de sabios.
Esta entrada va para ella y sus 18. Muchas felicidades cielo! ¡El sábado habrá que tirarte de las orejas a lo grande! Te quiero.