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lunes, 29 de marzo de 2010

Precipitado

A veces, por ciertas situaciones, tu vida se ve obligada a dar un giro radical, tal es así que ya ni siquiera recuerdas cómo eras antes, en qué pensabas, en qué matabas el tiempo, en qué soñabas y a qué aspirabas. Sufres un replanteamiento, una restructuración accidental que te hace sentirte descolocada, como si en realidad, no pertenecieras al lugar en el que estás pero sin embargo tuvieras que afianzarte y hacerte un hueco por si el destino volviese a dar uno de sus giros mortales y te dejara KO en el suelo con un millón de ideas revoloteando sin sentido.

sábado, 7 de febrero de 2009

Trino (III)

Estaba demasiado cansada como para ponerme nerviosa, y era muy tarde como para llamar a Emma, así que esperé a mañana. Como era sábado tenía cita obligada con ella en la biblioteca para ponernos al día de toda la semana.


Emma estaba a la puerta escuchando música. Cuando me acerqué a ella apagó su iPod y me miró con curiosidad. Antes de que me preguntara nada, le conté todo lo respectivo al día anterior con todo detalle. Su sonrisa se volvió forzada cuando le conté el contenido de la nueva carta. Se le veía alarmada, y eso me estresaba de una manera espantosa. Estuvimos todo el día hablando del tema, ni siquiera entramos en la biblioteca. No sabía qué pensar, estaba demasiado confusa como para tomar alguna decisión, así que los días, los meses, pasaron sin que me diera cuenta…


“¡Un año! ¡Felicidades cariño!” Erik me dio un hermoso beso y me dio un sobre. Eran dos entradas para ver mi grupo favorito en concierto: Secondhand Serenade. Se lo agradecí inmensamente y le di su regalo: un juego de ordenador que le encantaba. Me devolvió una gran sonrisa y nos besamos de nuevo.


Durante todo este año las cosas habían mejorado: nada de cartas anónimas, nada de situaciones raras; incluso a Adrien se le había quitado la expresión triste que siempre dominaba su cara. Me sentía feliz, más que nunca en este último año. Lástima que la felicidad se terminó pronto.


Como si estuviera teniendo un dejà vu, un sobre estaba en el buzón. Me hizo recordar momentos que tenía casi olvidados en una esquina de mi cerebro. Abrí la carta y me encontré una nota (¿qué si no?): UN AÑO. ¿CONCIERTO DE TU GRUPO FAVORITO? PREPÁRATE PARA SU ESTACAZO FINAL. LO SIENTO, HICE LO QUE PUDE. Por primera vez pensé que mi misterioso remitente podía tener razón. Tiré con furia la nota a la papelera y salí corriendo de casa sin ningún destino fijo.



El subconsciente me llevó a uno de los lugares en los que Adrien y yo pasábamos las tardes hablando y haciendo planes para el futuro. Me senté en el banco de siempre del parque, y me percaté que ya estaba ocupado: era Adrien. Nos miramos, y con ello nos lo dijimos todo. Yo percibí en su cara la herida casi curada que yo le había producido, y él pudo ver todas las dudas que albergaba en mi interior. Ninguno de los dos dimos el paso de comenzar a hablar, pero nos bastó con mirarnos un largo rato. Pasaron dos horas y seguíamos allí, como dos estatuas que están condenadas a mirarse toda la eternidad. Me levanté porque la noche se acercaba y mientras me alejaba oí las palabras de Adrien: “ten cuidado”.



Estábamos en el concierto, disfrutaba como una niña pequeña cantando todas las canciones de principio a fin. En un tiempo récord el concierto terminó y Erik y yo fuimos hasta nuestro prado, a comentar eufóricamente todos los momentos del concierto. Me preguntó “¿eres feliz?”. Yo le contesté: “no podría serlo más”. Sonrió de una manera que no había visto hasta ahora, era casi maliciosa. Me alejé imperceptiblemente de él, fingiendo buscar el móvil en mi bolso. Estaba perdida, no sabía si debía salir corriendo o quedarme ahí esperando lo peor. Decidí lo segundo, porque sabía que no era lo suficientemente rápida.

Erik se me acercó paulatinamente y me besó. Lo hizo de una manera distinta, como si fuera… ¿nuestro último beso? Noté que se hurgaba en el bolsillo de su pantalón, y lo único que vi fue el brillo de un filo de navaja. Me acordé del aviso de Adrien y sentí que le quería demasiado para morirme. Luego no sentí nada. Vacío. Muerte.Abrí los ojos, todavía sintiéndome en aquel prado. Intenté zafarme de la manta que me envolvía e intenté reconocer el lugar en el que me encontraba. Ahogué un grito. Era la habitación de Adrien. Traté enderezarme, pero un brazo me lo impidió: la madre de Adrien. Cuando la vi con unas gasas en la mano recordé todo lo ocurrido antes de que me despertara. El concierto, la sonrisa maliciosa de Erik, la navaja que se dirigía hacia mi estómago. Esta vez sí que grité, y con intensidad. La madre de Adrien dijo el nombre de su hijo en alto con aprensión. Adrien entró por la puerta en cuestión de segundos y soltó un gran suspiro. Viendo mi cara llena de dudas empezó a explicarme: “sabía que ibas a ir a ese concierto, así que fui detrás de ti porque tenía un presentimiento negativo.



Os encontré en el prado, y vi que él de repente salía corriendo y te dejaba ahí tiraba. No sabía lo que te estaba pasando y te cogí en brazos y te llevé a mi casa. Como sabes, mi madre es enfermera, y no encontró dificultades en curarte la herida. Has perdido sangre, tienes que beber mucha agua. Ese tío estaba loco la verdad. Mi madre llamó a la policía en cuanto le conté lo que había visto, luego llamó a Emma y le contó la parte de la historia que nos habíamos perdido. La policía lleva buscando a Erik desde hace años, tiene un trastorno maníaco depresivo y persigue a sus víctimas hasta que consigue lo que quiere: su sangre y una foto.”

Era demasiada información para mí. Me volví a dormir, pero antes mascullé un “quédate aquí Adrien, por favor”. Él susurró “claro que sí, siempre”.Pasaron los años y todavía espero encontrarme a Erik en alguna esquina, a pesar de que ahora vivo en Nueva York desde hace 10 años, no he vuelto a pasar por el pueblo y no he sabido nada de él. De hecho, ni siquiera la policía ha sabido nada. Alguna noche me echo a llorar recordando esa noche de hace ya 17 años, pero siempre me rodean unos brazos que me reconfortan, los brazos del amor de mi vida, los brazos de al que nunca debí abandonar, los brazos de Adrien.

Una vez más, gracias Ana.



miércoles, 28 de enero de 2009

Trino (II)

Lo que no esperaba era la carta que recibí a primera hora de la mañana. Estaba metida en un sobre totalmente blanco, sin remite ni sello, únicamente con mi nombre escrito con letras inidentificables. La reseña que había en su interior no dejaba lugar a ninguna duda: TEN CUIDADO CON ERIK. TÚ ERES UNA MÁS DENTRO DE SU JUEGO. En la primera persona que pensé como autora de semejante broma pesada fue, muy a mi pesar Adrien. No sabía como reaccionar cuando me encontrara a los dos ese día en clase, y tampoco lo quise pensar demasiado, así que simplemente tiré esa nota y me fui a la ducha.


A la hora de salir de casa, pude comprobar que Adrien me esperaba como todos los días, aunque se mantuvo en silencio todo el camino. Ninguno de los dos se digno a mirar al otro, y pude sentir como el dolor que cruzaba mi corazón era únicamente comparable al del mismo Adrien. Cuando llegamos a clase, vi que Erik nos estaba esperando, o al menos a mí. Adrien se puso muy tenso, y se alejó de mí, dirigiéndose hacia nuestro sitio habitual en el aula. Erik se me acercó, y pude sentir que mis más simples instintos despertaban en mí, haciéndome olvidar de nuevo el resto del mundo. Mis labios me pedían contacto con los suyos, mi mano se deslizaba hacia su cuello y mi cabeza se inclinó sobre la de él. Nos dimos un largo beso, esta vez sin ninguna duda de que lo quería, lo necesitaba, incluso lo ansiaba… Como no, se me pasó por la cabeza fugazmente una imagen de Adrien, pero traté de borrarla totalmente: en esta ocasión sí funcionó.


El sonido de un carraspeo nos asustó. Era el profesor White, y nos estaba echando una mirada inquisitoria. Erik y yo entramos en clase apresuradamente, sin detenernos a mirar a nadie. Me sentía culpable por Adrien, así que no me senté a su lado.; tampoco quería herir a nadie, por lo que no me senté con Erik, simplemente me coloqué en la última mesa al fondo de la clase, y me evadí durante todo el día.Estaba con una gran duda: ¿qué decirle a Adrien? Mi cabeza quería hablarlo razonadamente con él, pero yo no me sentía con fuerzas ni para mirarle a la cara. Decidí hablar con el en el camino de vuelta a casa, pero no me esperó, en cuando sonó el timbre liberador no pude ni tan siquiera decirle “espérame”.


A quien si encontré esperándome era a Erik. Pude comprobar que cada día era más guapo y más chulo, cosa que extrañamente me reconfortaba. De camino a mi casa, estuvimos hablando de cosas banales, sin apenas acercarnos el uno al otro. Pero la cosa cambió cuando me acerqué al porche de mi casa. Erik se abalanzó sobre mí y me besó con fuerza, con intensidad, con pasión. No nos interrumpió nadie, así que tuvimos todo el tiempo del mundo.Entré en casa aturdida, y lo primero que hice fue entrar en mi habitación y ponerme a llorar como una tonta.


En ese momento sonó el teléfono: era Emma. Se dio cuenta de que estaba llorando, y en media hora la tenía en mi casa consolándome frente a un gran helado de chocolate. Me apoyó sin lugar a dudas, y me dijo que hiciera lo que hiciera, iba a ser lo correcto, siempre y cuando le explicara de una vez todo a Adrien.


Me levanté de la cama para coger otro paquete de pañuelos, y vi un sobre sospechoso junto al teclado del ordenador con una nota de mi madre encima: "Estaba en el buzón, no tenía nada de nada. Mamá." Mientras abría este sobre que ya conocía tan bien, le estaba contando a Emma la historia del otro sobre que había recibió el día anterior. Cuando abrí la carta me quedé estupefacta: HOY TE ACOMPAÑÓ A CASA, Y MAÑANA TE PEDIRÁ UNA CITA EN EL CENTRO COMERCIAL. SI TODAVÍA NO ME CREES… me quedé boquiabierta, y miré a Emma buscando ayuda. Ella me tranquilizó diciendo que podría ser cualquier persona que nos hubiera visto llegar a casa. Pero yo pensé que esta carta ya estaba en casa antes de que yo llegara ¿cómo la podrían haber mandado antes de que sucediera? Emma omitió mis comentarios acerca de las malditas cartas y nos centramos en la futura conversación que tendría con Adrien. Estaba programada para después de cenar y le contaría toda la verdad incluyendo todo el amor que aún sentía por él. Emma me acompañó a casa de Adrien y me deseó suerte para la que se me venía encima.Llamé a la puerta de su casa, un hogar que me traía demasiados buenos recuerdos: las tardes de verano en la piscina, nuestras horas de “estudio” en su habitación, los partidos de baloncesto en su jardín… borré de mi mente todo eso y me enfrenté a la cara de la persona que me recibía con una emoción contenida en su cara, que se transformó en decepción en cuanto supo a qué venía.


Comencé a hablar, sin guardarme ni una sola palabra. Cuando terminé con un triste “…lo siento” me atreví a mirarle a la cara de una vez. No pude adivinar lo que sentía, porque había colocado un muro inquebrantable alrededor de su corazón que me impedía acercarme a él. Cogió aire para hablar varias veces, pero lo volvía a soltar sin lograrlo. Después de unos minutos de gran tensión esbozó una sonrisa amarga y dijo: “yo sí que lo siento” y cerró la puerta dejándome allí sin saber que hacer. Me marché a casa y traté de contenerme las lágrimas, pero no me fue posible. “Bueno” pensé, “mañana será otro día”.


Me levanté sin ganas ni siquiera de respirar, pero reuní fuerzas suficientes como para meterme en la ducha y sumir mis pensamientos en el vacío total. Pero mi cerebro tenía horror vacui y lo primero que se me pasó por la cabeza fue la carta, ¿se cumpliría lo que el autor había predicho?No encontré a nadie delante de mi casa, y me lo esperaba, así que me encaminé a la rutina diaria del instituto. A la primera persona que encontré fue a Erik, que me dedicó una gran sonrisa, y se dirigió a darme un beso. Pensé que no era el lugar idóneo, por lo que sólo dejé que me diera un beso rápido. No se molestó, y me cogió de la cintura para llevarme hasta su asiento.El día me pasó volando, y si alguna vez sentía algo de dolor miraba a mi derecha y lo veía a él. Me hacía olvidar todo lo malo que tenía en mi corazón.


Terminaron las clases sin pena ni gloria, y Erik y yo nos dirigimos hacia mi casa. Me preguntó si me gustaría ir con el al centro comercial esa tarde. Entré en un estado de shock y recordé la carta que me habían mandado avisándome de esto. Moví la cabeza espantando esos estúpidos pensamientos y acepté la invitación que me ofrecía.En cuanto llegué a casa llamé a Emma, necesitaba escuchar un “no te preocupes, pásalo bien”. Efectivamente, me animó e hizo que tuviera muchas ganas de acudir a mi cita. Me puse mi falda nueva y un jersey azul claro, cosas sin estrenar que tenía en el armario olvidadas, y en lo que me parecieron segundos estaba Erik llamándome a la puerta.


Inspiré profundamente y salí a la calle a recibirlo con un fuerte beso. La tarde en el centro comercial fue perfecta, fuimos al cine y tomamos un helado. Para rematar la tarde nos sacamos unas cuantas fotos en un prado de los alrededores. Estábamos tumbados esperando que la noche se inclinara sobre nosotros y él se abalanzó sobre mí. Me puse muy nerviosa, porque nunca había dado ese paso con alguien que no fuera Adrien, pero su seguridad me dio mucha confianza, así que simplemente me dejé llevar…

Llegué a casa muy tarde, tanto que mi madre ya estaba dormida. Entré en casa silenciosamente y me acosté en la cama, recordando todos los momentos pasados aquella tarde. Alcé la vista y mis ojos se detuvieron nuevamente en mi escritorio, en un sobre en blanco, sólo con mi nombre en un lado. Reuní todas mis fuerzas y me dirigí hacia él, lo abrí y encontré otra nota: VEO QUE NO ME CREES ¿VERDAD? TU QUERIDO ERIK TIENE UNA PEQUEÑA CICATRIZ EN LA PARTE INTERIOR DEL MUSLO. BUSCA EN LAS FOTOS DE HOY. Me lancé a las fotos que habíamos hecho ese día, recordando que debía de guardar algunas en un sitio recóndito hasta que vi esa cicatriz. Casi se me cae la cámara de la impresión. ¿Cómo esa persona podía saber tanto acerca de Erik? Vale, una novia despechada. Pero así todo, ¿para qué me quería avisar del peligro que corría? ¿No tendría que ser al contrario?


Continuará...

jueves, 22 de enero de 2009

Trino (I)

Hoy quiero presentaros un relato que he hecho con la ayuda de mi inspiradísima amiga Ana, en uno de los arrebatos que le dio por desarrollar y continuar una idea suya, derivó en esto, epero que os guste.
Gracias Ana ^^
Tres: un numero mágico, perfecto, exacto. ¿Acaso alguien lo podría ver como algo malo? Yo sí. Os cuento mis historia, sucedió hace 17 años.



Era una inconsciente, lo tenía todo en la palma de mi mano y la fastidié. Una familia que me cuidaba, unos amigos envidiables y un novio perfecto y de repente se esfumó todo. Me acuerdo perfectamente, esa tarde había quedado con Adrien, él era mi vida, lo era todo. La atracción que sentíamos el uno por el otro era infinita, sólo con mirarnos intercambiábamos nuestros mas ínfimos pensamientos. El tiempo se detenía y pensar que estábamos desaprovechando toda una vida juntos. Las cosas con Adrien habían cambiado. Al principio era intenso y pasional, hacíamos la pareja perfecta pero desde que apareció Erik nada fue lo mismo. Mi novio estaba raro, parecía desconfiar de mí y no le sobraban razones.



Así todo, yo notaba que Adrien hacia todo lo posible por dejarlo pasar, por tratar de olvidar que me estaba empezando a enamorar de otra persona, pero si ni yo misma podía definir lo que sentía, ¿cómo alguien ajeno a mí lo había conseguido? Quizás habíamos pasado demasiado tiempo juntos y ya imitaba mi forma de pensar o quizás sólo era egoísmo. Me empezaba a agobiar, se metía en mis pensamientos y lograba sacar toda mi parte mala. Así que esa tarde quedamos para arreglar nuestras diferencias, para intercambiar opiniones y para decirnos todos los "lo sientos" que nos hacía falta escuchar el uno del otro por nuestras innumerables discusiones tontas. Todo volvió a la normalidad, al menos a nuestra normalidad particular.



A la mañana siguiente entramos en clase como cada lunes. Suponía algo muy poco usual que viniera un alumno nuevo y menos de tan lejos. Esa mañana, el profesor Brett nos presentó a Erik, un chico nuevo que venía desde la otra punta del continente. Nos presentó Arizona como una tierra despoblada. Sus padres se mudaron a Kentucky por falta de trabajo. Ese chico parecía venir de una familia humilde, tenía cierto toque callejero, su gorra y su americana le definían a la perfección. Se pasó toda la mañana intentando hacer bromas. Tenía una sonrisa especial, un aire de misterio le envolvía y decidí quedarme a averiguar todo sobre él. Me dí un día de soltera para conocer más del nuevo chulo del barrio. La primera vez que me fije en su cara con detenimiento, pude advertir que era uno de los chicos mas guapos que había conocido.



Las múltiples conversaciones que fuimos teniendo en esa tarde iban haciendo que nuestras manos se acercaran más y más. Él tomó la iniciativa y cuando menos me di cuenta su mano ya estaba acariciando mi mejilla en una actitud de lo más cariñosa. Fue la última imagen que vi la de sus ojos azules, en ese instante me besó. Cuando recuperé la consciencia, por así decirlo, de mis actos me acordé de Adrien y nuestros bocas se separaron, no podía mirarle a la cara. Adrien resonaba en mi cabeza. Sabía que Erik me seguía mirando y me estaba suplicando que me despidiera de él en condiciones. Su cara era como la de un cordero degollado. Luego me fui sin decirle adiós. Esa noche no pude a penas dormir, mi conciencia mandaba pero mis deseos la supeditaban.




A la mañana siguiente Erik no fue a clase, me tocaba enfrentarme a Adrien solita. Las clases detenían el tiempo aún más y me pasaba los recreos abrazada a él sin a penas ganas, eso me evadía del mundo y de alguna forma me sentía más segura aunque no me mereciese ni sus brazos ni su apoyo en ese momento por lo idiota que había sido. Lo que estaba claro es que Adrien no era ni la mitad de idiota de lo que yo lo había sido y a la salida dejó todo entre nosotros más que claro. Fueron los ojos más tristes que pude contemplar en mi vida los que me confesaron que Adrien cansado de todo, quería quererme más aún pero yo no le dejaba. Miró para Erik como si hubiese sido partícipe de toda la historia y yo me sentí demasiado avergonzada como para seguir con esa conversación en la que no había casi palabras. No eran necesarias. Sólo quería que llegase algún día a ser feliz fuese con quien fuese, me entendía mejor que yo a mí misma, terminó su actuación tan patética permitiéndome elegir por mi misma, diciéndome que todo estaba en mis manos.



Esa tarde puse mi cadena de música a todo volumen y me la pasé llorando e intentando deliberar con mi ángel bueno y mi demonio menos bueno, uno en cada hombro. Fuera llovía sin parar, cosa que no mejoraba mi estado de ánimo sino que lo empeoraba.



Mi madre, con la que casi no había cruzado palabra ese día por la que llevaba encima, picó a la puerta y me informó de que tenía una visita en el hall esperándome. No estaba para recibir a nadie. Ella sin embargo insistió. Cuando bajé las escaleras mi mirada fue directamente a buscar la suya y de hecho la encontró. Allí estaba Erik empapado. En vano intenté cerrarle la puerta pero su sola presencia me debilitaba.




"¿Sabes por qué estoy aquí?" Le contesté sinceramente que no le quería escuchar. En ningún momento me dejó de mirar, era como si su mirada me estuviese obligando a hacer algo que no debía hacer (según mi ángel bueno claro). Estaba claro que mi relación con Adrien estaba en peligro y os juro que no lo dejé de pensar mientras me besaba una y otra vez pero a su lado me volvía voluble, inerte, él desataba todas mis pasiones y eso en cierto modo me gustaba aunque estuviese todo lo mal que estaba. Lo conduje a la puerta, donde acababa (se suponía) nuestro encuentro y justo allí sucumbí a otra de las tentaciones de la primera cita "el beso en la puerta". Una silueta se fue dibujando a lo lejos y cada vez se acercaba más, no me lo podía creer ¡era Adrien! Se dirigía furioso hacia mi casa, me asusté, todos los esquemas que había pensado esa tarde se habían ido a la mierda con la aparición de Adrien.



Asustada cogí a Erik fuertemente por la camiseta y lo lancé contra el zelpudo de la puerta principal y cerré la puerta. Mi respiración era agitada en esos momentos, pensar que detrás de la puerta estaban dos de las personas a las que más le había importado. Sin pensarlo abrí la puerta y pude observar ante mí una de las escenas más duras de toda mi vida: Adrien y Erik estaban con la mirada fija en mí, exigiéndome una respuesta. Sentí que mi cuerpo abandonaba toda la fuerza que yo pudiera contener, y me deslicé hacia el suelo. Rápidamente sentí cuatro fuertes brazos que impedían mi total derrumbamiento, pero yo me zafé de ellos. No tenía derecho a sentirme protegida por ninguno de los dos.



De pronto y sin previo aviso, Erik se encaró hacia Adrien, amenazándole dura e inquisidoramente si no desaparecía de ese porche. A Adrien nunca le apasionó la violencia, pero en ese instante toda su masculinidad se vio atacada, por lo que tuvo que enfrentarse a él. La cosa no llegó a mayores, porque Adrien no tenía intención de agredir a Erik, y en varios minutos, los dos se estaban alejando de mi casa, cada uno por su lado.


Continuará...