En ese abismo me encuentro ahora mismo. Al borde de un precipicio, no sé que hacer, es cierto que intento ser feliz aunque sea un sentimiento contradictorio porque la felicidad como estado no existe para mí, pero no puedo. Miro hacia abajo y cada vez me doy cuenta de la altura que hay desde donde yo me encuentro y de la caída que supondría darse por vencida. No, eso no. Lo intentaré.
Y cada vez voy cayendo, curiosamente encuentro a personas, en ese abismo de soledad, cierro los ojos y me hablan, transmiten sus sentimientos, echo de menos. Es muy extraño porque ese precipicio tiene varios pisos y nunca caigo en picado, nunca, mi cabeza siempre va por encima de mis pies, porque de otra forma no lo podría estar contando.
Precipitadas vuestras palabras que me oprimen y me presionan, precipitados los días uno sobre otro, precipitadas las noticias, precipitadas las preguntas que surgen de mi cabeza. Precipitandome estoy en un mar de dudas ¿lo haré bien?. Vosotros sois la repuesta. Gracias por todo, gracias por ayudarme a quedar suspendida en el aire. Se que sólo podré subir desde el fondo. Nadie dijo que fuera fácil.
Buscando tela para el disfraz de estos carnavales.