jueves, 7 de abril de 2011

Death and Amir


Los ojos que me desean bien. Pero no me conocen.

Mis manos siempre han de pretender cegar tus ojos cuando cautivo en mis brazos te tenga, para que sientas lo que no se ve (la vibración en cada pálpito, esa fragancia agreste e inusual que se confabula con mi intimidad, la afonía en cada respiro... mi gélida piel... y ante todo lo inexacto en cada contorno de ella). Una pulcritud callada de afectos que nos husmea como límpida tonada. (Dafne H.)