Vivimos en una sociedad consumista desde la 2ª Revolución Industrial aproximadamente, eso está claro. Cada vez nos podemos dar más cuenta de eso y más ahora, en enero que vienen las rebajas.
Estos días a la hora de comer, a la hora de cenar y a todas horas podemos ver como decenas de anuncios de perfumes, pero ¿qué queréis que os diga? los prefiero a anuncios de coleccionables o de Carrefour, que la verdad, son patéticos.
Chicos, chicas, familias enteras, diría yo, salen cada sábado con intención de hacer sólo la compra de la semana, pero luego terminan con seis bolsas que casi nunca caben en el maletero del coche.
Comprar, comprar, comprar y comprar. Algunos dirán es el espíritu navideño...¡no es cierto! Las Navidades está a punto de acabar, no hay disculpa.
Y es que lo pude comprobar cuando mi madre me preguntó hace dos semanas ¿qué quieres para Reyes?, nada, absolutamente nada se me vino a la cabeza en ese momento. Me pareció realmente increíble. Pero ahora, ahora ya tengo más de diez respuestas y es que aunque no lo necesitemos, lo queremos, es que por pedir...
El dinero...¿el dinero?, ¿es el dinero el determinante?
Para Marylin Monroe, las joyas, el dinero, eso era todo. Después de todo ¿qué importa? nos volvemos viejos, sí, nuestra piel se estira, pero los diamantes siempre estarán ahí: brillantes y relucientes, sólo para nosotras, ¿qué más queremos?.
Por suerte toda aquella que hoy se considere mujer tendrá que haber rechazado algo en su vida: una joya, un diamante...pues la esencia de esta vida está en aquello que no se puede comprar.
Cada joya, cada diamante, nunca pertenecerá a nuestro cuerpo, seguiremos siendo las mismas, ni más guapas, ni más feas. Un diamante no es determinante.
El dinero no es determinante.
Siempre nos quedará el anuncio del perfume de Emporio Armani Diamonds, os dejo con Beyoncé Knowles y su Diamonds are the girls´ best friend...