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domingo, 24 de febrero de 2008

El robo

Así son los sueños, una locura. Vaya mala noche que pasé. ¡cuántos sobresaltos! Me dormí y lo primero que ocurrió fue que la vecina picaba a nuestra puerta tranquila diciendo que hacía cosa de una hora le habían robado. Todo transcurría con aparente normalidad así que mi madre cerró la puerta y empezó a leer las instrucciones que se seguían previas a un robo. En esas instrucciones estaba la de separar el dinero en pequeñas partes. Al parecer era Navidad, así que pusimos los billetes grandes debajo de cada figurita del Belén, el dinero que sobraba lo pusimos en la bañera o entre las sábanas, nada era lógico, había miles de billetes, tantos que parecíamos un banco. Al terminar la redistribución del dinero todos nos acostamos. Mi padre apagó la luz y echó el pestillo de la puerta principal de la casa.



Yo me dormí sin darle más vueltas al asunto. De repente una luz me despertó, en el baño contiguo a mi habitación alguien había dado la luz, era el supuesto ladrón que hacía ruidos extraños, apresurados. El miedo en ese momento fue inminente. Me desperté, la luz estaba encendida, no sabía quien estaba allí y tampoco podía levantarme de la cama. Continué durmiendo, o al menos lo intenté, el ladrón había entrado a mi habitación, estaba rebuscando dinero en ella. Sin pensarlo me levanté, aún y con el miedo encima sabía que era mi dinero, debía recuperarlo. Encendí la luz y vi quién era ese ladrón: era el mismo rostro de la inocencia, una niña de como cinco años que se parecía a Natasha, una niña irlandesa que conozco que es monísima. Miré a su mano, tenía todos mis billetes. Sus ojos me miraban sintiéndose culpables, entonces echó a correr y yo tras de ella. Finalmente recuperé mi dinero, entonces sonó el despertador, era domingo, un domingo en el que lo más entretenido que me pasó fue este sueño.

Ahora habrá que estudiar lengua, aunque sirva cómo profesora de sintaxis.

jueves, 3 de enero de 2008

Diamonds are the girls´ best friend

Vivimos en una sociedad consumista desde la 2ª Revolución Industrial aproximadamente, eso está claro. Cada vez nos podemos dar más cuenta de eso y más ahora, en enero que vienen las rebajas.
Estos días a la hora de comer, a la hora de cenar y a todas horas podemos ver como decenas de anuncios de perfumes, pero ¿qué queréis que os diga? los prefiero a anuncios de coleccionables o de Carrefour, que la verdad, son patéticos.
Chicos, chicas, familias enteras, diría yo, salen cada sábado con intención de hacer sólo la compra de la semana, pero luego terminan con seis bolsas que casi nunca caben en el maletero del coche.
Comprar, comprar, comprar y comprar. Algunos dirán es el espíritu navideño...¡no es cierto! Las Navidades está a punto de acabar, no hay disculpa.
Y es que lo pude comprobar cuando mi madre me preguntó hace dos semanas ¿qué quieres para Reyes?, nada, absolutamente nada se me vino a la cabeza en ese momento. Me pareció realmente increíble. Pero ahora, ahora ya tengo más de diez respuestas y es que aunque no lo necesitemos, lo queremos, es que por pedir...
El dinero...¿el dinero?, ¿es el dinero el determinante?
Para Marylin Monroe, las joyas, el dinero, eso era todo. Después de todo ¿qué importa? nos volvemos viejos, sí, nuestra piel se estira, pero los diamantes siempre estarán ahí: brillantes y relucientes, sólo para nosotras, ¿qué más queremos?.
Por suerte toda aquella que hoy se considere mujer tendrá que haber rechazado algo en su vida: una joya, un diamante...pues la esencia de esta vida está en aquello que no se puede comprar.
Cada joya, cada diamante, nunca pertenecerá a nuestro cuerpo, seguiremos siendo las mismas, ni más guapas, ni más feas. Un diamante no es determinante.
El dinero no es determinante.
Siempre nos quedará el anuncio del perfume de Emporio Armani Diamonds, os dejo con Beyoncé Knowles y su Diamonds are the girls´ best friend...