Así son los sueños, una locura. Vaya mala noche que pasé. ¡cuántos sobresaltos! Me dormí y lo primero que ocurrió fue que la vecina picaba a nuestra puerta tranquila diciendo que hacía cosa de una hora le habían robado. Todo transcurría con aparente normalidad así que mi madre cerró la puerta y empezó a leer las instrucciones que se seguían previas a un robo. En esas instrucciones estaba la de separar el dinero en pequeñas partes. Al parecer era Navidad, así que pusimos los billetes grandes debajo de cada figurita del Belén, el dinero que sobraba lo pusimos en la bañera o entre las sábanas, nada era lógico, había miles de billetes, tantos que parecíamos un banco. Al terminar la redistribución del dinero todos nos acostamos. Mi padre apagó la luz y echó el pestillo de la puerta principal de la casa.
Yo me dormí sin darle más vueltas al asunto. De repente una luz me despertó, en el baño contiguo a mi habitación alguien había dado la luz, era el supuesto ladrón que hacía ruidos extraños, apresurados. El miedo en ese momento fue inminente. Me desperté, la luz estaba encendida, no sabía quien estaba allí y tampoco podía levantarme de la cama. Continué durmiendo, o al menos lo intenté, el ladrón había entrado a mi habitación, estaba rebuscando dinero en ella. Sin pensarlo me levanté, aún y con el miedo encima sabía que era mi dinero, debía recuperarlo. Encendí la luz y vi quién era ese ladrón: era el mismo rostro de la inocencia, una niña de como cinco años que se parecía a Natasha, una niña irlandesa que conozco que es monísima. Miré a su mano, tenía todos mis billetes. Sus ojos me miraban sintiéndose culpables, entonces echó a correr y yo tras de ella. Finalmente recuperé mi dinero, entonces sonó el despertador, era domingo, un domingo en el que lo más entretenido que me pasó fue este sueño.
Ahora habrá que estudiar lengua, aunque sirva cómo profesora de sintaxis.
Ahora habrá que estudiar lengua, aunque sirva cómo profesora de sintaxis.