Pelirroja viviendo entró de un traspiés en el tren. Buscaba un sombrero que encapotara sus pensamientos en un día de lluvia. Puso a cada una de las figuras tumbadas de una forma tan cubista que parecían picassos. Pelirroja despidiendo arrojó más de un pañuelo al suelo. Lo llamaban pasión. Pelirroja siendo egoísta no cedió más que un sino a la persona en cuestión. Pelirroja siendo el huso de la rueca terminó pasándose de parada. Pelirroja.
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sábado, 9 de abril de 2011
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Becarios felices y contentos

Un bienestar constante en el mismo vivir en la villa. Fijarse en las pequeñas cosas y hacer entrevistas cinco minutos antes de no conocer bien a la persona en cuestión. Las horas van con puntos y seguidas de la palabra 'horas'. Las fichas sólo son imprescindibles si el número de actividades corresponde a más de dos días. Correr hasta el ayuntamiento y que se cancele en el último momento la rueda de prensa. Esperar a que llegue la tele. Los conocimientos, las cenas, comidas y charlas que no tenían que haberse dejado para el último momento. El '¿qué tal?' y el '¿todo bien?' de Urbano. Las llamadas de treinta segundos de Alberto. La visión particular de Fernando del cartel de la cerveza. Las noticias que quedaron en nevera y nunca más se volvió a saber de ellas. Las rarezas de perro verde. Las broncas de deportes y los últimos afiliados al sector que huían de local. El trabajo en demasía de local. La chica de las promociones. La jefaza guay de las publicistas. Las fotos que accidentalmente colgó Adri por la oficina y otras muchas que no le dió tiempo a sacar a Marieta mientras Santos metía presión. Escribir poco cuando había fotos chulas. Las horas de espera tanto en Tuenti como en Facebook por una misera maqueta, y eso que los de LA VOZ somos guays y no tenemos que llamar a Gijón para que nos maqueten. Los paseos a por agua, las sedes a las que se iban trasladando en el periódico. El coger el periódico gratis, amanecer un día y descubrir que tu reportaje ha sido portada. Llegar sin inspiración. Llegar con demasiada y que nada encaje. Encontrar el titular perfecto. Y que luego te lo cambien. Abracadabra. Pata de cabra. A toda caña. Shakespeare baja el último telón en un especial más que bonito. Insistir en que haya esquelas para tener que escribir menos en esa página. No es noticia que un perro muerda a una persona pero si que una persona muerda a un perro. Rematar a los yonquis de las Meanas. Dos muertos dan para un día de noticias y dos tetas para dos semanas. Llamar al periódico en cuanto haya algo que cause revuelo. Descolgar el teléfono en redacción y creerte responsable de LA VOZ. Pasar llamadas en busca de números. El mensaje de '12 periódico'. El de 'periódico 12'. El agradable 'descansas este fin de semana. El de 'trabajas, ¡jódete!'. Los calores con los que llegaba Silvia a la redacción tras bajar del Carbayedo. El frío que entraba cuando Santos dejaba puertas y ventanas abiertas de PAR EN PAR. Los resfriados de Yolanda. Intentar averiguar quien salía en la foto. Entrevistar a personas y olvidarse de preguntar por nombre y apellidos. ¿Quién era ese? Wordreference sinónimos abierto en todo momento. El '¿ya está todo?', 'sí, ¿me puedo ir?' y el consiguiente 'no, ¿has hecho algún vivir?'. Las farolas, contenedores, baldosas y badenes en mal estado, todo deplorable, una vergüenza. El Páxaru Pintu. El camarero portugués. Las especulaciones sobre su nacionalidad. El nº de teléfono en la servilleta. Tienes más peligro que espinete por detrás. Crecer en la oscuridad. No sin antes ponerse roja como un tomate. Hola, soy de La Voz de Avilés, ¿puedo hacerte unas preguntinas? Las cenas, las fiestas y los días siguientes, con sus respectivas consecuencias. Las idas y venidas. Los mismos eventos de siempre. Libreta y bolígrafo en mano. ¿Alguien tiene un boli? He perdido mi boli. ¿Cascos? Los mensajes que te joden la noche porque tienes que trabajar al día siguiente. Las copas a las que conseguimos que invitara Urbano. El Figu. El Cantante. La falta que hacía Nacho en la cena. Lo que se echó de menos a Santos. Las risas que nos echamos con las comerciales y el fotógrafo. Fotón, breve, repasar y un faldón muy grande. Módulos. La tele sin sonido. Trufas sobre la mesa. Llega la despedida. Han sido dos meses de aprendizaje. Infiltrados en el mundo del periodismo, con Román, Varela y Concejo hasta en la sopa. Parece que lo hemos logrado. Tres becarias salen sonrientes, aunque apesadumbradas interiormente por la puerta mientras sus rostros son captados por el gran profesional de la fotografía Adri Quintana. Y en unas horas lo hará un becario de deportes. Impreso y archivado. Han acabado las prácticas. Hasta el siguiente mensaje no volveremos y nos quedaremos hasta que hayamos hecho el último 'vivir'.
Lo que lo voy a echar de menos, lo que me ha gustado, lo repetible y lo irrepetible (en cierto modo).
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jueves, 12 de agosto de 2010
Aún me vuelves loca
De lo que se ocupa mi pensamiento. Quizás hoy, hace un año, estaría mirando a las estrellas, con el móvil en la mano, temblando y riéndome de los nervios, buscando unos ojos azules al otro lado. Ahora, sin embargo, un año después, estoy escuchando una canción de lo más triste que también habla de unos ojos azules pero de una historia totalmente diferente y ha ido a parar aquí. La acojo, claro que la acojo. Y aquí he ido yo a parar y no sé a dónde va a llegar ésto. De un concierto cancelado, algo que no va a suceder porque aunque hoy, en la noche de perseidas como cada agosto, mire al cielo, sé que la misma persona no va a estar a mi lado, y ni siquiera estará pensando en mí.
viernes, 25 de junio de 2010
Deto-NÓ
Hablando en el mismo idioma, sin ni siquiera entenderse, hizo que ella acabara con todo, con las llamadas, con los "tequieros", con los momentos de placer, con los de silencio. Pareciera como si hubiera estado preparándolo todo desde hacía tiempo, por eso, quizás no se veían desde hace tiempo.
Con una promesa más que no iba a cumplirse, se despidieron, sin ni siquiera humedecer los labios en el aliento del otro. No hubo respiros porque el espacio entre ellos era tan amplio que podrían haberse puesto a nadar unos largos pero por miedo a rozarse y saltaran más chispas pero cada uno se fue por su lado, él con demasiadas promesas esparcidas por doquier y ella con la esperanza de poder, después de mucho tiempo, alzar la cabeza y con ella la mirada al cruzar la esquina.
Ya había hablado mucha gente antes y ella se fue convirtiendo en todos sus diálogos, vio sus caras reflejadas en el cristal de la ventana del metro y no vio nada más allá; ese fue el fallo: que el tiempo causaba estragos y estos, a su vez, desembocaban en abismos. Pensaba que sería todo como al principio (¡pobre ilusa!) y claro, el tiempo la estaba matando por dentro.
Decidió quitarse el puñal que tan hondo le había clavado él y en ese momento recibió un soplo de aire frío (¡quién sabe?, quizás fue un poco de brisa fresca...) y sus ventrículos dieron paso a demasiado aire, su corazón se convirtió en una bomba de relojería que parecía a punto de estallar en medio de una feria de verano. Había esperado demasiado tiempo: la detonación.
Se le pasaron por la cabeza tantos momentos, intentos, encuentros y entonces supo que no sería fácil de olvidar.
viernes, 21 de agosto de 2009
Antes, durante y después de la despedida
Volvió y ¿qué se encontró? Nada. Todo había sido deshecho. Ni su casa, ni su familia, ni los allegados que había tenido por amigos, con los que había hecho tan buenas migas... Se quedó sola en el portal de siempre, su portal, en el que mil veces había escrito su nombre y mil veces había sido borrado; otros, sin embargo, allí permanecerían de por vida. Estaba allí sentada con la esperanza de que una cara conocida le sonriera ese día en la esperanzadora ciudad de siempre.

Aprovechó para ir al kiosko por el que había dado sus primeros pasos, allí estaba la nueva kioskera; le empezó a contar la última discusión que había tenido con su novio (argentino por cierto). Casualmente mientras sonreía y asentía por y para complacerla, al instante oyó cómo la puerta del portal se abría e hizo un esfuerzo por acercarse hasta allí, no le costó mucho, sabía muy bien el camino a casa.

Entró y subió las escaleras, allí estaban la planta y el cuadro que tantos ojos había visto porque ella les había permitido hacerlo. Todo estaba exactamente igual, como lo había dejado. Se metió en el ascensor y se miró al espejo, no pudo soportar la imagen, demasiados recuerdos y comenzó a llorar; así era como se arreglaban las cosas, ¿verdad?

Salió y lo siguiente en lo que se fijó fue en los buzones, en el 1º Derecha, algo en él le llamó la atención, tampoco pudo contenerse. Habían cambiado las letras, los nombres, las personas, TODO. El suyo de todas formas no había estado nunca allí, pero le dolía porque no la habían dejado ni despedirse.

La Sra. Ángela, casada con Juan Nosequé Nosequemás, los dos felizmente unidos y con dos hijos, sus nombres sí que figuraban en el buzón, no como el de ella. Levantó la vista y ahí venían con aires de perfección, de grandeza, en su máximo apogeo, saliendo de la puerta a la que con tantos portazos castigó y a sus pies iban danzando dos niños rubios, como dos soles, como los odió por un momento...

Se quedó escuchando la conversación atentamente tras la columna, como una fugitiva.
-Pues aquí tienen la llave señores, ¡disfruten del piso!
(No te jode...)
En su pecho sintió como si algo se desprendiera, como si le faltara el aire.

La familia más feliz y perfecta del mundo, ahí iba, escaleras arriba y al vendedor del inmueble le dio por cruzar la esquina y la encontró allí con cara de circunstancia.

-¿Qué te pasa chica?
-Nada
Se hizo un silencio y al momento habló (por fin).
-¿Sabe?, yo vivía aquí.
-¿De verdad? Pues es un piso bonito, está en buena zona y además es un 1º, en mi opinión está genial...

Le salió la vena vendedora y prosiguió comentando cada una de las habitaciones, ella hizo caso omiso, sabía perfectamente que no había mejor vendedora que la que tenía delante porque no hay mejor vendedor que el que no quiere vender por egoísmo, por avaricia y por rabia. La rabia te da a conocer, es verdad. En un momento de debilidad le pidió las llaves y la permitió pasar, se pasó como media hora tirada en el pasillo, aún hacía calor, es lo que tenía el verano, una buenísima época para la mudanza, claro que sí.

Las emociones se desbordaron cuando le faltó el tiempo para despedirse, salió de una forma casi precipitada porque no quería mirar demasiado hacia atrás, no fuera que le gustaran demasiado las vistas y quisiera volver sobre sus pasos.

Esta vez no hubo ni encadenamientos, ni berrinches, ni amenazas de incendio. Simplemente se marchó, sabiendo que allí acababa una etapa, otra más. Entonces caminó pensando cuando era más necesario y práctico llorar, ¿antes, durante o después de la despedida? No importaba mucho en realidad...pues la primera lágrima ya había caído hace tiempo, esa pequeña reflexión de dos minutos sólo le pudo servir para creerse un poco más fuerte antes de derrumbarse definitivamente en un mar de lágrimas.

Hoy he añadido mi nombre en el buzón, sentía la necesidad de hacerlo.
Quería dejar huella, constancia.
Me conformo porque aún no he vuelto y creo que todavía queda tiempo...

Tiempo para despedirme a gusto, a mis anchas...
Esta es la conclusión de un largo día pensando en que me ha dicho mi madre que cuando vuelva de Madrid, el mes que viene podremos no estar viviendo ya en el piso.
Las fotos son de Google, por favor si son tuyas y no quieres que permanezcan en este espacio sólo tienes que ponerte en contacto conmigo. Muchas gracias.
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