Mostrando entradas con la etiqueta adiós. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta adiós. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de agosto de 2010

Conversaciones con Laura: mano a mano (autocensurado)

-¿Y a ti?, dime, ¿también te mentía?

(Siempre nos encontrabamos en estados perfectamente imperfectos, increíbles.)

-¿También te contaba todas esas cosas improbables, proezas, las llamaba él?

(Realmente le he visto acometerlas.)

-¿También acariciaba tu barriga?

(El borboteo de las mariposas se sucedía en un arcoiris de emociones.)

-¿Rozaba tus labios con sólo mirarlos?

(Lo sentía todo.)

-¿Temblabas cuando te tocaba?

(Como la que más.)

-¿Secuestraba tus manos y las enterraba?

(Sí, y sentía como se descolocaba y desestabilizaba mi corazón, mientras, él experimentaba con mis manos.)

-¿También reducía tus conversaciones a nada?

(Sí, permanecía distante y frío.)

-¿De verdad era una pared retumbándose?

(Sí, y lo que se podía percibir hacía que lo cubrieran entre ratones.)

-¿Es cierto que lo hacía todo por no estar solo?

(Yo le daba el calor que no encontraba en la barra del bar.)

-¿También te hacía pensar en él constantemente?

(A todas horas.)

-¿Te sentías libre?

(Eramos uno por momentos.)

-¿Te costaba acercarte a él?

(La coraza sólo podía romperse por un sitio.)

-¿Has entrado en su habitación?

(No me dejaba entrar del todo en su vida.)

-Confiesa, ¿llamabas?

(Las lágrimas de dos meses no son contenedores suficientes.)

-A la mínima esperanza, ¿acudías a su lado?

(De repente.)

-¿Hacías caso a los que te rodeaban?

(Decían que hiciese lo que me hiciese realmente feliz.)

-¿También suspirabas al ver sus ojos?

(Profundamente.)

-¿Salieron lágrimas de tus ojos cuando os besásteis por última vez?

(Era una mezcla entre carmín y sal.)

-¿Sonreías con cada sonrisa?

(Yo le hacía sonreír.)

-¿No pudiste decirle "te quiero" durante tanto tiempo y ahora, eres incapaz de decirle "adiós"?

(Un adiós es ahora mismo imposible.)

-¿Te arrepientes de algo que hayas hecho?

(De que no saliera todo a la primera.)

-¿Te gustaría haber estado, frente a frente, intercambiando diferencias?

(Sí, un sí de los tímidos.)

-¿Crees que habéis tenido mala suerte?

(No, tenía que haber insistido más.)

-¿Crees que las lágrimas, las ilusiones y las horas de teléfono han merecido la pena?

(Las tiro ahora mismo a la basura, con todas nuestras fotos.)

-¿Qué sientes ahora?

(No siento NADA.)

¿Sabes que en realidad no quería hacernos daño?

lunes, 29 de marzo de 2010

Las decisiones decididas implican nostalgias nostálgicas

Decir adiós siempre cuesta, dejar atrás tu barrio, tu casa, tu coche y a los tuyos se hace difícil y más si los kilómetros se van incrementando con los años y cuando miras atrás, no queda apenas nada. Todo diferente, todo para decidir, todo a base de señales, todo por algo y claro la nostalgia acompaña, como siempre.

viernes, 21 de agosto de 2009

Antes, durante y después de la despedida

Volvió y ¿qué se encontró? Nada. Todo había sido deshecho. Ni su casa, ni su familia, ni los allegados que había tenido por amigos, con los que había hecho tan buenas migas... Se quedó sola en el portal de siempre, su portal, en el que mil veces había escrito su nombre y mil veces había sido borrado; otros, sin embargo, allí permanecerían de por vida. Estaba allí sentada con la esperanza de que una cara conocida le sonriera ese día en la esperanzadora ciudad de siempre.


Aprovechó para ir al kiosko por el que había dado sus primeros pasos, allí estaba la nueva kioskera; le empezó a contar la última discusión que había tenido con su novio (argentino por cierto). Casualmente mientras sonreía y asentía por y para complacerla, al instante oyó cómo la puerta del portal se abría e hizo un esfuerzo por acercarse hasta allí, no le costó mucho, sabía muy bien el camino a casa.


Entró y subió las escaleras, allí estaban la planta y el cuadro que tantos ojos había visto porque ella les había permitido hacerlo. Todo estaba exactamente igual, como lo había dejado. Se metió en el ascensor y se miró al espejo, no pudo soportar la imagen, demasiados recuerdos y comenzó a llorar; así era como se arreglaban las cosas, ¿verdad?


Salió y lo siguiente en lo que se fijó fue en los buzones, en el 1º Derecha, algo en él le llamó la atención, tampoco pudo contenerse. Habían cambiado las letras, los nombres, las personas, TODO. El suyo de todas formas no había estado nunca allí, pero le dolía porque no la habían dejado ni despedirse.

La Sra. Ángela, casada con Juan Nosequé Nosequemás, los dos felizmente unidos y con dos hijos, sus nombres sí que figuraban en el buzón, no como el de ella. Levantó la vista y ahí venían con aires de perfección, de grandeza, en su máximo apogeo, saliendo de la puerta a la que con tantos portazos castigó y a sus pies iban danzando dos niños rubios, como dos soles, como los odió por un momento...


Se quedó escuchando la conversación atentamente tras la columna, como una fugitiva.

-Pues aquí tienen la llave señores, ¡disfruten del piso!

(No te jode...)

En su pecho sintió como si algo se desprendiera, como si le faltara el aire.


La familia más feliz y perfecta del mundo, ahí iba, escaleras arriba y al vendedor del inmueble le dio por cruzar la esquina y la encontró allí con cara de circunstancia.
-¿Qué te pasa chica?

-Nada

Se hizo un silencio y al momento habló (por fin).

-¿Sabe?, yo vivía aquí.

-¿De verdad? Pues es un piso bonito, está en buena zona y además es un 1º, en mi opinión está genial...


Le salió la vena vendedora y prosiguió comentando cada una de las habitaciones, ella hizo caso omiso, sabía perfectamente que no había mejor vendedora que la que tenía delante porque no hay mejor vendedor que el que no quiere vender por egoísmo, por avaricia y por rabia. La rabia te da a conocer, es verdad. En un momento de debilidad le pidió las llaves y la permitió pasar, se pasó como media hora tirada en el pasillo, aún hacía calor, es lo que tenía el verano, una buenísima época para la mudanza, claro que sí.


Las emociones se desbordaron cuando le faltó el tiempo para despedirse, salió de una forma casi precipitada porque no quería mirar demasiado hacia atrás, no fuera que le gustaran demasiado las vistas y quisiera volver sobre sus pasos.


Esta vez no hubo ni encadenamientos, ni berrinches, ni amenazas de incendio. Simplemente se marchó, sabiendo que allí acababa una etapa, otra más. Entonces caminó pensando cuando era más necesario y práctico llorar, ¿antes, durante o después de la despedida? No importaba mucho en realidad...pues la primera lágrima ya había caído hace tiempo, esa pequeña reflexión de dos minutos sólo le pudo servir para creerse un poco más fuerte antes de derrumbarse definitivamente en un mar de lágrimas.


Hoy he añadido mi nombre en el buzón, sentía la necesidad de hacerlo.

Quería dejar huella, constancia.

Me conformo porque aún no he vuelto y creo que todavía queda tiempo...



Tiempo para despedirme a gusto, a mis anchas...

Esta es la conclusión de un largo día pensando en que me ha dicho mi madre que cuando vuelva de Madrid, el mes que viene podremos no estar viviendo ya en el piso.

Las fotos son de Google, por favor si son tuyas y no quieres que permanezcan en este espacio sólo tienes que ponerte en contacto conmigo. Muchas gracias.

lunes, 30 de junio de 2008

Para volar muy alto

Me ha dado por escuchar una canción, aquí os la dejo. Mañana me voy a Oxford un mes y me ha entrado la nostalgia por las viejas canciones aunque las nuevas también siguen presentes. Ahora las palabras son vuestras.



Ya sabes lo que dicen niña: para volar muy alto antes debes remontarte a otros viajes, aquellos que tanto te hicieron soñar. Pasaporte en mano y nervios fuera. Así se habla.
¿Y vosotros como preferís que sea una despedida? Voy a echar de menos este sitio, lo sé.