Leer, escribir, reflexionar, inventar, descubrir y conocer. ¿Qué tienen todas estas palabras en común? En verdad, todas estas tareas que aparentemente parecen tan fáciles se han atribuido desde tiempos inmemorables a los humanistas. Explayan mareas de sentimientos en simple y puro papel mientras acusan a los científicos de pensamientos cuadriculados.
La utilidad de las humanidades es infinitamente infinita y sin embargo nos tachan de burladores, de escapistas porque nos disgustan las normas que rigen la realidad por eso las humanidades respecto a las ciencias no están sujetas a una estructura concreta casi nunca, navegan por tantos mundos y se alimentan de todos ellos, abarcan la totalidad que nos rodea y se enriquecen de ella.
Ya fueron llamadas en su día “ciencias del hombre” y en ese momento se resignaron a no compartir el mismo sitio que la biología o la física porque la historia vive del recuerdo y avanza con la experiencia, es progreso, futuro, la física sólo vive de protones y neutrones que siempre tienen el mismo valor y función. En cambio ¿qué me decís del arte? El ser humano ha estado siglos expresando con el arte todo lo que sentía y quería transmitir y para nada tiene el mismo valor para una persona que para otra, es algo subjetivo además no tiene una sola función sino muchas al igual que interpretaciones.
Nadie se ha inventado que la tierra es redonda, eso se ha descubierto y es así, no hay más vuelta de hoja. Sin embargo está claro que los cantares de gesta fueron invención de alguna mente humana. Eso es lo bello de lo humanístico, puedes inventar, manipular, pensar, crear, expresar, interpretar e investigar porque este es el eje de nuestro pensamiento. Si te fijas hay varias palabras que pueden significar lo mismo también como con una misma palabra nos podemos referir a un todo.
Hubo un día en el que a una persona se le ocurrió decir “perro” para referirse al animal, otra más imaginó otra palabra diferente y sin saberlo ya estaba dando paso a un nuevo idioma, dar vida, fundar, imaginar, comunicar eso es lo bueno de las humanidades mientras tanto la ciencia sigue estudiando qué nombre impronunciable le pondrá a un nuevo hueso descubierto (que no inventado) la semana pasada.
Me resigno a lo inexacto y rechazo la precisión porque verdaderamente en la imperfección reside la belleza, me gusta jugar, ver más allá de lo que el ojo ve, hacer críticas, evolucionar, madurar y eso sólo se consigue con el conocimiento humano, conocernos a nosotros mismos para poder sentir, pensar, contar hasta tres y poder actuar. Cerrarle la puerta a las humanidades es obstaculizar nuestro camino a la cultura.
La utilidad de las humanidades es infinitamente infinita y sin embargo nos tachan de burladores, de escapistas porque nos disgustan las normas que rigen la realidad por eso las humanidades respecto a las ciencias no están sujetas a una estructura concreta casi nunca, navegan por tantos mundos y se alimentan de todos ellos, abarcan la totalidad que nos rodea y se enriquecen de ella.
Ya fueron llamadas en su día “ciencias del hombre” y en ese momento se resignaron a no compartir el mismo sitio que la biología o la física porque la historia vive del recuerdo y avanza con la experiencia, es progreso, futuro, la física sólo vive de protones y neutrones que siempre tienen el mismo valor y función. En cambio ¿qué me decís del arte? El ser humano ha estado siglos expresando con el arte todo lo que sentía y quería transmitir y para nada tiene el mismo valor para una persona que para otra, es algo subjetivo además no tiene una sola función sino muchas al igual que interpretaciones.
Nadie se ha inventado que la tierra es redonda, eso se ha descubierto y es así, no hay más vuelta de hoja. Sin embargo está claro que los cantares de gesta fueron invención de alguna mente humana. Eso es lo bello de lo humanístico, puedes inventar, manipular, pensar, crear, expresar, interpretar e investigar porque este es el eje de nuestro pensamiento. Si te fijas hay varias palabras que pueden significar lo mismo también como con una misma palabra nos podemos referir a un todo.
Hubo un día en el que a una persona se le ocurrió decir “perro” para referirse al animal, otra más imaginó otra palabra diferente y sin saberlo ya estaba dando paso a un nuevo idioma, dar vida, fundar, imaginar, comunicar eso es lo bueno de las humanidades mientras tanto la ciencia sigue estudiando qué nombre impronunciable le pondrá a un nuevo hueso descubierto (que no inventado) la semana pasada.
Me resigno a lo inexacto y rechazo la precisión porque verdaderamente en la imperfección reside la belleza, me gusta jugar, ver más allá de lo que el ojo ve, hacer críticas, evolucionar, madurar y eso sólo se consigue con el conocimiento humano, conocernos a nosotros mismos para poder sentir, pensar, contar hasta tres y poder actuar. Cerrarle la puerta a las humanidades es obstaculizar nuestro camino a la cultura.