Cada vez que lo pienso, mi cara se pone aún más roja....
Y es que lo paso muy mal, cada vez que habló con ese tipo de personas, cada vez que cometo un error, cada vez que tropiezo, cada vez que gritan mis sentimientos a los cuatro vientos, cada vez que queda claro lo evidente, o cada vez que me recuerdan aquellos momentos...
Dije que haría la investigación y aquí está. La vergüenza me ha acompañado toda la vida y en ese sentido es mi niña chinita, va siempre de la mano conmigo. Nosotros, los tímidos y hablo por todos tenemos vergüenza por casi cualquier cosa, sólo hay que vernos cada día. Raro es el día en el que nuestra cara no se ponga como un tomate.
Sí, puede resultar gracioso, pero no lo es.
He averiguado que el enrojecimiento se produce ante una situación vergonzosa, de esas de "Tierra trágame" y este tipo de situaciones hacen que se encojan los capilares de nuestra cara(sobre todo en orejas y en mejillas), al suceder esto, la sangre circula más rápido (aih...¡qué grima me está dando escribir esto), bueno, el caso es que, de forma natural el hombre ante un peligro (vergüenza) enciende motores para actuar ante él. Es entonces cuando notamos que se acelera nuestro corazón y aumenta nuestra frecuencia respiratoria. A la vez, y sin que nos demos cuenta, se activan otros procesos en el interior de nuestro organismo como la liberación de adrenalina por la cápsulas suprarrenales, la secreción de jugos en el estómago y la constricción de los vasos sanguíneos para dar a nuestros músculos una ración extra de nutrientes y oxígeno, por si acaso ... y provoca además la aparición de enrojecimiento. He ahí el momento.
Las preocupaciones diarias, el estrés, o las ansiedades son las responsables del rubor. Está claro que cuanto más comprometedora sea la situación, más rojos nos ponemos.
Es cierto que hay personas más propensas a ruborizarse que otras, puesto que hay personas más ansiosas que otras, pero no hay personas que nunca se ruboricen. La sensación de acaloramiento que todos sufrimos especialmente al experimentar vergüenza no siempre se traduce en el enrojecimiento de la piel puesto que factores como el color o la finura de la piel determinan en gran medida la reacción de nuestro organismo.
Todos hemos reaccionado sonrojándonos en alguna ocasión. Yo incluso más de una.
La persona tímida siente ansiedad (vergüenza) cuando sabe que está siendo observado. Su preocupación es el "¿qué dirán?". La falta de seguridad en uno mismo hace que se manifieste esta reacción.
Sonrojarse representa para la persona tímida una manera de delatarse o de llamar la atención. Algo que en ningún caso desea. Así fácilmente la persona tímida está más atenta a la aparición del rubor que otra persona y de este modo, sin desearlo, asimila éste como modo de reaccionar. Por eso las personas tímidas tienden a ruborizarse con más frecuencia.
En el mismo momento en el que nos sonrojamos, tenemos doble vergüenza, por la situación que vivimos y porque sabemos que nos estamos sonrojando. Hasta que dejémos de pensar en esa situación, nuestro estado no volverá a la normalidad.
La solución de este problema es dificilíiiiiiisimo...es el autocontrol. Es un proceso muy lento.
"Soñaba con que ese momento no pasase, sabía como iba a reaccionar, lo mejor fue mirar hacia abajo, como siempre."