Mostrando entradas con la etiqueta solución. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta solución. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de mayo de 2008

Hace sol

Ven acércate, sal de casa, llevas todo el día ahí metido. Eso no puede ser. ¿Acaso hace sol? Claro que no. Ven, todo es mágico aunque no lo veas miles de rayos están ahí acechando para salir cuando peor que encuentres, sabes, hemos hablado y nada de esa situación se va a arreglar, es mejor para vosotros dos. No saques a flote nuevas decisiones, ya has tomado la tuya y es sólo tuya. Sal, hace un día espectacular, podemos ir a la piscina, luego a la playa, ir a echar unos partidos, lo pasaremos en grande, como siempre. ¡Vamos! Vístete, no quiero verte más con ese pijama, ahora mismo te pones el bañador y a la playa que nos vamos. Te quiero y lo sabes, sabes que estoy aquí para lo que quieras así que ven conmigo, te prometo que no pararás de reír, de soñar. El tiempo ha mejorado si ya lo decía el hombre del tiempo de la TPA, "mañana en Asturias cielos despejados". Sube la persiana, ¿no lo ves? Hace un tiempo fantástico, me recuerda a estos días de verano en los que dejábamos todo por salir a la calle y tomarnos un granizado. He tirado el paraguas, era una mierda se rompía con un soplo de viento. Voy a coger las llaves, vete poniéndote los zapatos. Dame un beso tonto y alégrame esa carina porque hoy hace un solazo de la Vírgen y eso hay que celebrarlo.
A fuera había empezado a llover y la pareja caminaba ilusionada por las costas de Gijón.

jueves, 31 de enero de 2008

Ya(P) no hay cuentos de dragones

Despegó sus alas como cada mañana esperando a ser testigo de otra realidad impresionante para poder aguantar hasta el siguiente día. Miraba sus escamas o cómo se llamasen, ¿qué importaba ya? Esperaba despertar en otra realidad ya no quería vivir en el mundo de la fantasía, quería salir de "Memorias de Idhún", de "El Señor de los anillos", quería ser protagonista de otro cuento, el suyo propio, uno que no acabara. Los dragones en esa época eran esclavos de los humanos, estaban atados a ese gran poder, si echaban fuego por la boca era para ellos, si suspiraban era para ellos, ya no existían cuentos de dragones...


En una época anterior los cuentos de dragones si existieron. Por un lado el escritor utilizaba a los dragones, él decía: "en la línea 16 el dragón abre los ojos" y en la otra parte del mundo un dragón abría los ojos, decía que un dragón volara y el dragón echaba a volar. El mundo estaba lleno de dimensiones, dimensiones élficas, de brujas, magos...universos paralelos. Todo era mecánico. El único fallo que tenía este sistema era que muchos de los escritores de cuentos de dragones eran malvados y mataban a sus protagonistas. Cada vez quedaban menos dragones en Euöla, incluso hace unos 20.000 años sólo quedaba uno allí.
Su nombre era Yap y era el protagonista de la última novela fantástica que había escrito el conocido autor Felipe Belmonte. El autor había mantenido durante dos de las tres partes de su trilogía al dragón Yap vivo, la gente de la aldea estaba expectante, nadie nunca había dejado vivir a un animal fantástico tanto tiempo y menos siendo el malo del libro.


Yap en la mente de Belmonte se dedicaba a quemar bosques, matar doncellas, arrasar ciudades y quemar todo a su paso. Hacía años que no conocía a un dragón de su especie, se sentía sólo ¿qué iba a hacer?
Un día su paciencia se agotó. Yap decidió idear un medio para contactar con Belmonte y pedirle que el dragón de su historia no muriera, la gente del pueblo estaba con Belmonte: toda bestia debía ser sacrificada por un buen fin y ese fin suponía una mayor lectura y éxito del libro.
El mismo día de la entrega del libro a la editorial, Belmonte estaba redactando el esperado final...
...Yap no había recibido ninguna señal, no sabía si viviría, si moriría...estaba algo inquieto, todo dependía de las palabras de ese escritor. Él dictó cruelmente el destino del dragón:
"El dragón Yap despertó, en ese momento sabía que se enfrentaba a su destino: debía luchar contra el caballero típico de todos los cuentos, armado con yelmo, espada y armadura. En el mismo momento de la batalla, cuando el caballero acercaba su espada al enorme dragón..."
En la otra dimensión, el dragón notaba en su corazón un pinchazo, la especie se estaba extinguiendo y los cientos de leyendas de Euöla también. Entonces contra la voluntad del escritor, que en realidad no tuvo nunca voluntad, el cielo se abrió y el sol iluminó sus rostros.
El escritor no podía controlar sus manos sobre el teclado, ni su pensamiento, era otro el que escribía... "El caballero y su rostro. El rostro y el caballero. Ya eran sólo uno. El cuerpo del caballero se difuminaba más y más a los ojos del dragón."
El sol lo dictó, Yap no moriría. A los ojos del pueblo Yap ya estaba muerto, aquella espada le había atravesado el corazón. El sol les había cegado, el pueblo se había creído una vez más otra leyenda. El sol jugaba con unos y con otros a su antojo. Yap, por supuesto, no murió, en absoluto seguía vivo en la mente de todos y habitaba en Euöla tranquilamente hasta que otro maniático escritor le escogiese como personaje y moviera los hilos de su próxima vida.
Pero eso, eso ya es otro cuento, otro cuento de dragones.
Primer día de Carnaval perfecto: la gente, las risas, que aunque estemos en Asturias y llueva podemos disfrutar igualmente del Carnaval.
Voy a tener un cubito de Will Smith ^^

viernes, 28 de diciembre de 2007

Vergüenza tendría que darte

Cada vez que lo pienso, mi cara se pone aún más roja....


Y es que lo paso muy mal, cada vez que habló con ese tipo de personas, cada vez que cometo un error, cada vez que tropiezo, cada vez que gritan mis sentimientos a los cuatro vientos, cada vez que queda claro lo evidente, o cada vez que me recuerdan aquellos momentos...


Dije que haría la investigación y aquí está. La vergüenza me ha acompañado toda la vida y en ese sentido es mi niña chinita, va siempre de la mano conmigo. Nosotros, los tímidos y hablo por todos tenemos vergüenza por casi cualquier cosa, sólo hay que vernos cada día. Raro es el día en el que nuestra cara no se ponga como un tomate.


Sí, puede resultar gracioso, pero no lo es.


He averiguado que el enrojecimiento se produce ante una situación vergonzosa, de esas de "Tierra trágame" y este tipo de situaciones hacen que se encojan los capilares de nuestra cara(sobre todo en orejas y en mejillas), al suceder esto, la sangre circula más rápido (aih...¡qué grima me está dando escribir esto), bueno, el caso es que, de forma natural el hombre ante un peligro (vergüenza) enciende motores para actuar ante él. Es entonces cuando notamos que se acelera nuestro corazón y aumenta nuestra frecuencia respiratoria. A la vez, y sin que nos demos cuenta, se activan otros procesos en el interior de nuestro organismo como la liberación de adrenalina por la cápsulas suprarrenales, la secreción de jugos en el estómago y la constricción de los vasos sanguíneos para dar a nuestros músculos una ración extra de nutrientes y oxígeno, por si acaso ... y provoca además la aparición de enrojecimiento. He ahí el momento.


Las preocupaciones diarias, el estrés, o las ansiedades son las responsables del rubor. Está claro que cuanto más comprometedora sea la situación, más rojos nos ponemos.

Es cierto que hay personas más propensas a ruborizarse que otras, puesto que hay personas más ansiosas que otras, pero no hay personas que nunca se ruboricen. La sensación de acaloramiento que todos sufrimos especialmente al experimentar vergüenza no siempre se traduce en el enrojecimiento de la piel puesto que factores como el color o la finura de la piel determinan en gran medida la reacción de nuestro organismo.


Todos hemos reaccionado sonrojándonos en alguna ocasión. Yo incluso más de una.
La persona tímida siente ansiedad (vergüenza) cuando sabe que está siendo observado. Su preocupación es el "¿qué dirán?". La falta de seguridad en uno mismo hace que se manifieste esta reacción.


Sonrojarse representa para la persona tímida una manera de delatarse o de llamar la atención. Algo que en ningún caso desea. Así fácilmente la persona tímida está más atenta a la aparición del rubor que otra persona y de este modo, sin desearlo, asimila éste como modo de reaccionar. Por eso las personas tímidas tienden a ruborizarse con más frecuencia.


En el mismo momento en el que nos sonrojamos, tenemos doble vergüenza, por la situación que vivimos y porque sabemos que nos estamos sonrojando. Hasta que dejémos de pensar en esa situación, nuestro estado no volverá a la normalidad.

La solución de este problema es dificilíiiiiiisimo...es el autocontrol. Es un proceso muy lento.


"Soñaba con que ese momento no pasase, sabía como iba a reaccionar, lo mejor fue mirar hacia abajo, como siempre."