lunes, 29 de marzo de 2010

La tormenta ideal

Miles de centellas blanquecinas atentaban sobre el cielo negro muy oscuro que reinaba entonces y que había mandado a las estrellas esa noche muy pronto a la cama. Fue una orquesta maquiavélica donde los rayos se alternaban con los truenos y de vez en cuando se veía algún relámpago. El amanecer del día siguiente dio paso a la calma y entonces, se pudo ver una enorme sonrisa formada por una nube esponjosa y rellenita.