domingo, 21 de marzo de 2010

A las ricas croquetas de mamá

Es lo que tiene vivir en Madrid, a casi 400 km de las croquetas de tu madre, se hace duro, muy duro. Comer a prisas en el desayuno, a base de bocadillos en la comida que te llevas a la facultad porque te quedas para comer, para hacer un trabajo. A base de fritos en la cena, no te deja otra opción más que llenar cajones clandestinamente de chuches, embutidos y algo de fruta por si te entra el gusanillo mientras haces los deberes y esperando a que un día las patatas fritas (y refritas) se conviertan en el plato de lentejas de mamá, del que tanto nos hemos estado quejando durante años. Pensábamos que nunca las íbamos a echar de menos, ¡ilusos!