viernes, 7 de mayo de 2010

La línea que aislaba Parla del resto del mundo

"Es muy fina, casi transparente" eso fue todo. Fue el testimonio que vagamente pudo dar el duende, lo demás fue censurado inmediatamente después de la declaración por el editor, no quería que nada más de la historia fuese publicado, así todo quedaría entre ellos, ni amigos, ni formando parte de los rumores, cosa de dos, leche manchada de té, punto. Y chocolate.

Siendo así, no contó nada de la chica que vivía allí, de la que disfrutaba haciendo fotos y colgándolas en la pared, también obvió las noches que no había dormido en su cama, al igual que las que ella había dormido con él, eliminó el agua que hizo bajar el calor que aportaba tensión a la habitación. Se dedicó a negarlo todo, tanto que ella prefirió mantenerse al margen.

Nunca es fácil mantenerse al margen, se decía mientras intentaba alzar la cabeza y mirarle. Al menos no mientras el duende mágico revoloteaba en busca de más abejillas zumbonas. Ella parecía marchitarse cual flor, sólo despertaba cuando las manos del duende verde mutaban y se convertían en finos tallos que la rozaban, le acariciaban los labios y las espinas los iban tiñendo de rojo mientras sola en el bosque gritaba y maldecía su nombre.




Ese era el momento en el que el recorrido del cosquilleo se dedicaba a limitar la estructura de la columna verbal y la hacía bella, vital nunca más quebradiza al recordar esas noches en la que está se encorvaba para conseguir posturas imposibles al calor de su abrigo.

Quisiera volver a aquel añorado septiembre que tantas ilusiones le había regalado, tanto había prometido y tanto había pasado con la sonrisa con la correcta inclinación que su cara quedó apagada, triste. Allí el duende, aprendió que aún era posible permanecer ajeno a las flores, al campo, a las mariposas, cuando de la primavera se trataba y nuestras fosas se llenaba de polen que le hacía cosquillas a los pelos de nuestra nariz.

Pura implicación en una persona, entregárselo todo, revelar secretos mejor guardados y así las noches previas ardía en deseo y cada vez éstas se hacían más y más cortas hasta que hubo un momento en el que el cascabel del duende frenó y con el todo sonido tintineante finalizó. La margarita huyó despavorida, ya no más días pudiendo mirar al sol, ni más noches decorando la cabellera del anclado duende. Era imposible, el otoño había puesto todas sus líneas es escena, las hojas no paraban de llenar el suelo. El duende estaba hasta arriba de trabajo.




La margarita empalideció y cuenta la leyenda que se confundía con los copos que caía sobre las amapolas de la estudia de Parla, queriendo imitarlas con la violencia, poniéndose a su altura para compartir sus noches con el duende.

Esta es la historia de una margarita que cruzó la tan fina línea de Parla y le fue con el cuento a otra margarita, la sola, la enfadada, la desdichada, como era la realidad fuera de Parla, de ese universo tan frío, mientras que es Parla, el duende sólo le habla, dado su cariño a una margarita de Parla decidió avisarla de lo mal que lo estaba haciendo él durante todo este tiempo, la vida que estaba llevando aunque en el exterior siguiera pareciendole bien.

Le informó de todos y cada una de las flores, tan bellas y sugerentes, y ella parecía saber de la siruación, estar al corriente. Y los días iban hacia delante para el duende y él seguía disfrutando y pendiente de cada pétalo de las flores, quitándoles su escarcha, arrancándolas por el tallo y tirándolas al suelo sin ni siquiera preocuparse por lo despegadas que ya estaban estas del sol.

Era lo que tenían los duendes en ese mundo y fue de lo que me di cuenta cuando fui margarita y pasé cierto tiempo con el tipo y la cosa es así de dura, o te adaptas a su forma de ver y hacer las cosas, o te dejas llevar, o te encoñas indefinifamente o lo pasas mal.

Las margaritas vivimos de ilusiones, sí, es verdad y nos encanta renovar nuestras energías a base de alcohol y unas buenas notas, nos gusta seguir insistiendo. Nos encanta no dormir ya vencidas, pensamos que queda un mundo por vivir y que desechar oportunidades puede privarte de algo muy valioso, ¿quién sabe? después del renacer de las margaritas, viene septiembre ¿no? es eso lo que esperamos todos al fin y al cabo, ¿verdad?

Es muy fina, casi transparente la línea de Parla, eso es todo lo que nos pudo confesar el duende, pues hacía ya bastante que no se dejaba caer por allí.

5 comentarios:

La Gata Coqueta dijo...

Hoy he madrugado un poco más de lo habitual aún siendo un día más tarde para despedirte el fin de semana, esperando este te proporcione el descanso emocional que durante la semana es impensable.

Un beso aterciopelado te acerco para acariciar tus mejillas.

Chao

María del Carmen.

La Gata Coqueta dijo...

Me ha emocionado esta entrada creada y plasmada con tan buena calidad en todo su contenido.

Un abrazo

Marí

La Gata Coqueta dijo...

Te entregaría
una urna
llena de estrellas

Y al abrirla
te encontrarías
hipnotizada

Acompañada
de mariposas encantadas
que te bordearían

Batiendo ufanas sus alas
por el fin de semana
que se avecina

Y al cerrarla
se iría
la belleza y la magia

Que guardan
esmeradas hadas
entre sedas rosadas
el resto de los días...

María del Carmen

La Gata Coqueta dijo...

Con todo mi afecto para ti;

De nuevo estamos
visitando y leyéndonos
los espacios

Compartiendo sentimientos
en poéticos encuentros
y sentida emoción

Abriendo el corazón
al amigo más cercano
con respeto y admiración

Somos aves que viajamos
hoy presentes estamos
mañana no lo cuestionamos

Estos momentos
aún siendo segundos
deben de ser estimados

No olvidando
la huella que me has dejado
siempre que a tu lado
he estado.

Siendo muy apreciado
por el tiempo que me has dedicado
en cada momento que he visitado

María del Carmen

La Gata Coqueta dijo...

Ha llegado otro fin de semana y con desmedida emoción paso a felicitarte.
Para que lo pases donde te resulte más agradable un buen descanso, después de una semana un tanto densa por los consabidos compromisos laborales ya habituales.

Un beso te dejo en el aire en compañía de un adiós.

De esta siempre tuya...

María del Carmen