viernes, 8 de abril de 2011

Fuera de mis asuntos

Vuelta tras vuelta ¿Qué más daba si ya no podría vivir con ella? Si sólo les quedaba la promesa de encontrarse un día (porque lo harían) y reírse de la noche en la que la decisión era aún duda. No habría giros de cabeza, ni despertares fuera de hora (en realidad) la única razón que la hacía volver a casa desde hace tiempo era ver su cara y escuchar alguna buena historia que tuviese que contar, hablar, exhibir sus estornudos o llenar la coja mesa de farándulas de pie.

Estábamos tan bien cuando entramos, juro que por ti me quitaría la camiseta, que haría un puzzle y hasta me aferraría a la pata de la cama. De verdad, me haces falta y no sabes cuánto. Dos años es mucho tiempo y tres más, mucho mucho. Sin ti y sin ti y contigo. ¿Que no estás conmigo por el dinero? Calla y abrázame.

Igual ésta no es de las típicas historias que se puedan alargar y precisamente por eso, son especiales. Pero, ¿sabes qué te digo? ya estoy harta de historias cortas.