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sábado, 8 de enero de 2011

Frena

Entiéndelo, ni tú dependes de mí, ni yo de tí. Apenas acabamos de conocernos. Tenemos el mismo derecho a salir, como a entrar de nuestra vida. Quizás me pilles en una fase poco creativa, más bien escasa, hasta podría arriesgarse a jurar que estoy a 'dos velas'.

Quizás un día volvamos a encontrarnos y yo pueda seguir contándote y tú sigues con los oídos tan abiertos, tan soñadora, tan pasional; hasta puede que cambie la relevancia que le demos al momento y que éste se prolongue y que un día ya no tengamos nada que decirnos, que los ojos nos lo digan todo, que ya no haya que tragar más saliva, que las gargantas no carraspeen y así quizás, sigamos lo bonito y neguemos lo breve.

El principio de una bonita y breve amistad.


miércoles, 28 de julio de 2010

Agárrate a ella

¿Ves como vuelas?

(No puedes esperar que todo el mundo se arremoline en torno a ti en cuanto te pasa algo).

lunes, 20 de octubre de 2008

Nómada

Me fui y me llevé tantas cosas...

Me volví nómada en un viaje en el que tenía como único acompañante al viento y yo seguía sus órdenes. Nómada de sentimientos, de sueños, de ambiciones, de pensamientos, de añoranzas, de valores y creencias y todos aquellos se vinieron a vivir a mi maleta cuando no había sitio ni al principio del viaje y dicen que al final siempre se suele traer más cosas contigo, sin contar las experiencias vividas y a mí además de todo eso se me ocurrió traer varias caras sonrientes tras hablar largo y tendido con el viento. Nuestas conversaciones fueron interesantes, sí que lo fueron, además me pudo confesar muchos secretos.






La maleta pesaba, me acomodé en mi asiento y al momento ya estaba allí, el viaje se había hecho cortísimo y nada de aquello parecía real, de repente me vi de lleno en una nueva ciudad. La vida de los nómadas normalmente siempre tiene un comienzo. Hace años empecé siendo nómada porque mi abuelo me lo sugirió y me dijo que así conocería el mundo tal y cómo es en realidad, muy pocos lo conocemos. Nada demasiado planeado, sólo las ganas y a veces ni eso se necesitan para seguir nuestro modo de vida.





Mi nuevo destino era Madrid, hacía años que no volvía por la capital y estaba en lo cierto cuando me prometía a mí misma que no me iba a defraudar. La puerta de Alcalá, La Cibeles, las Cortes, la glorieta de Bilbao, la plaza de Quevedo, Tribunal, Gran Vía y Atocha, la impresionante Atocha. Desde mi ventana la podía ver en todo su esplendor, sus grandes relojes, la bandera, la gente ajetreada que corría de un lado para al otro. Apasionante, realmente alucinante cómo es la vida allí.




De fiesta en fiesta, esa noche fue espectacular, con gente a la que no veía hace meses y que la echaba de menos tanto, gritamos, bailamos, reímos, cantamos y sobre todo recordamos viejos tiempos. Me hacía gracia la libertad con la que recorría las calles madrileñas ajena a todo el tiempo que había pasado, preguntándome dónde estaría él y mirando al cielo, un cielo tan diferente al de Asturias.



A veces una sola mirada te emociona y hace que en medio de tanta gente te sientas tan bien que no quieras abandonar una posición estática. No nos hace falta movimiento porque éste incluyendo alegría, efusividad y gloria nos hizo creer que ya lo teníamos todo, que esa era nuestra estrella y que ¿para qué nos íbamos a mover de allí?


Una vez se nos presentó la despedida comunicando su mensaje fatal de siempre, nos dijimos un "hasta luego" sabiendo que sería un "hasta mucho" aunque me valga con oír vuestra voz ahora para contentarme. Eso ya me hace sonreir, quizás el reencuentro no fue más mágico que la despedida pero es que ahora me es imposible recordar la escena en la que os íbais en un coche y no puedo decir otra cosa que gracias tanto por la estancia como por la compañía. Madrid nunca me ha defraudado, es una ciudad mágica, con sus más y sus menos, su gente, su pasado, su presente...pero sorprendentemente perfecta.



Los nómadas vamos de un lado a otro y llevamos todo lo que creemos que es nuestro con nosotros, no nos importan las escaleras, ni intentar observar un cuadro de Chillida de tema filosófico durante más de media hora, ni siquiera nos importa perdernos porque sabemos que el viento vendrá a recogernos si lo esperamos en la misma estación de siempre.



♫ Apenas respiro me hago pequeñita y me pongo a temblar. ♫








Madrid me hace ser literaria, ¿algún problema?

jueves, 31 de julio de 2008

Oxford 08


Pequeñas palabras para borrar todo esto, pequeñas palabras para decir adiós. Fueron cuatro semanas llenas de cada ingrediente, cada sabor. Lo malo es que la boca ahora me sabe a vosotros, a vuestra esencia y a cada uno de esos recuerdos. Fue muy difícil despegarme de todo aquello: de levantarme pronto, de llegar tarde, de hacer tantas fotos por minuto, de enseñar el bus pass, de cantar a voces por la calle, de gritar, de bailar. Se me olvidó hasta escribir porque todo lo podía expresar hablando o con gestos. El cariño estaba en el aire y una mirada lo expresaba todo. Estábamos en nuestra burbuja y ese espacio tan reducido se llamaba Oxford.



¿Qué piensa la gente cuándo le dices Oxford? Yo pienso en tanto y mis ojos se llenan de tantas lágrimas porque ahora mismo echo de menos a demasiada gente, demasiados recuerdos. Las canciones, la comida, la ropa: todo me recuerda a vosotros. Sé que nunca más voy a poder meterme en una cabina de teléfono con tanta gente, ni nos comeremos más Mcflurrys al día de los que nos comíamos allí. Ahora siento rabia porque todo aquello se haya acabado porque sí que era como un sueño que todos sabíamos que iba a acabar pero nadie imaginaba que iba a ser tan rápido.

He aprendido mucho más inglés que el año pasado quizás por la gente que venía de Italia, Suecia, Dinamarca, Alemania, Arabia Saudí, China, Rusia, Hungría, Finlandia, Francia...era una mezcla de acentos que conseguía de las clases un importantísimo intercambio y acercamiento cultural.




Los batidos, las cookies, los intentos de probar la comida inglesa, las tardes en el South Park, no sé ni como he sabido por donde empezar a contar todo esto. Mucho de lo que ha ocurrido por supuesto que sólo quedará en mi mente y espero que no se borre. Aquí se que está seguro, toda esta información desorganizada.



Oxford fue y en nuestras mentes siempre será un lugar mágico lleno de sus murallas y sus sitios escondidos, historias secretas, cada día descubrías algo nuevo que te hacía sonreír y compartir más momentos y aventuras con gente fantástica.



La felicidad estaba a nuestros pies y casi podíamos hacer lo que se nos viniera en gana dentro de unos límites. Londres, Bath, Strattford, Brighton. Espera que se sube otro al tren. Arranca y no mires atrás porque te habrás perdido algo seguro. Todos a bailar y que al fiesta no acabe al ritmo de nuestras palmas.



Fueron tantos buenos momentos que ahora sólo puedo recordarlos y añorarlos. A cada una de las personas que estuvieron allí y vivieron lo mismo que yo muchas gracias, prometo intentar no olvidaros, ahora sois vosotros los que tenéis que hacer lo mismo. Por favor acordaros de Oxford 2008, de estas cuatro semanas.

martes, 19 de febrero de 2008

El virus MEP



Gracias por vuestras palabras una vez más, he tardado días en escribir esto y es que quería reunir todo aquello que considero importante sin olvidarme de las pequeñas cosas que hicieron de esta experiencia un conjunto de momentos memorables.

La viejecita bilingüe me preguntó en el avión: ¿dónde vas? Le dije: A Madrid.
Ya estoy aquí de nuevo. De Madrid, ¿qué decir? simplemente inolvidable, cómo esperaba ser, con la mejor de las compañías, los mejores chistes, las sonrisas más logradas...en verdad os digo delegados, delegadas, presidencia y demás invitados que me lo he pasado genial.


Y es que había que hablar así, ese era el protocolo y así había que actuar, razonando antes, cosa que no solemos hacer los adolescentes normalmente y así todas las mañanas a las siete de la mañana, arriba, o sino te levantaban de la cama, si es que los jóvenes si queremos cambiar algo en la política de este mundo, lo tenemos que hacer con unos buenos sobados en el estómago.



Desayuno, nervios, comida, prisas, cena y estrés. Digamos que no hay nada mejor que tener planeado que se va a hacer al cuarto de hora siguiente. Siempre me ha gustado tener planeada mi vida y no aburrirme en ninguno de mis momentos. Me encantaba hablar, tener voz y voto, reunirme con mi comisión a prisas cada día, durante esos cuatro días. Porque descubrí una nueva forma de discutir, no era para nada dar gritos de una trinchera a otra (cómo hacen la mayoría de políticos de hoy en día) era argumentación, era turno de palabra y sobre todo consistía en escuchar diferentes opiniones y respetarlas.


Descubrí que si hay un lugar para conseguir cambiar el mundo ese es el parlamento Europeo, no sentados en las sillas, sino trabajando en grupo, hay que pensar y luego actuar, porque aunque seamos sólo promesas, en esa realidad seremos futuro y en el futuro, una realidad.


El proyecto al que asistí fue bautizado por el presidente de la Asamblea General, Ricardo González Peña, como "el virus MEP" que tenía como síntomas principales el cansancio o el insomnio, sin embargo nos recetaron nuestros respectivos presidentes que la mejor manera de curarse del virus era trabajar con ganas para hacer de éste un mundo mejor, con ilusión, tomando decisiones, cediendo y llegando a un consenso con gente parecida o diferente a nosotros.

Aunque al principio las cosas no fueron bien para algunos, he de decir que conocí a gente estupenda que sabía que no me iba a fallar y de hecho no me decepcionó en absoluto. Quedé sorprendida de lo bien que hablaban (los gallegos sobre todo), de una sesión nacional así puedo decir que conseguimos nuestro objetivo, unidos, con el poder de la democracia, llegamos a un consenso, eso era lo importante, tuvimos que ceder, no fue fácil pero mereció la pena, llegamos a una opinión común sobre un tema que nos concierne a todos.



Pido un aplauso porque cuando cada uno se subió al atril, nadie se confundió y dijo "señor presidente" en vez de señora presidenta, porque participamos, porque llegamos a esa sesión nacional y por muchísimas razones que se resumen en un contundente "etc, etc...."


Sentí de verdad la falta de ese apoyo tan grande durante esos cuatro días pero hay cosas que es mejor hacerlas por ti misma: como recorrer el aeropuerto hasta la puerta de embarque, razonar, crecer como persona, madurar...





Nadie, excepto nosotros sabe los nervios previos a la Asamblea, cómo temblaba nuestro cuerpo al encender el micrófono para hablar, nuestra cabeza estaba hecha un lío y dudábamos al levantar la voz, siempre estaba presente la duda de ¿estaré diciendo lo correcto?. La cosa consistía en no dejarte ninguna pregunta en la manga, irte para casa con la impresión de que has dicho todo lo que querías decir. Objetivo conseguido.

Fuimos presa de cámaras, televisiones y demás periodistas pero ninguno pudo expresar la sensación que teníamos en esas sillas un momento antes de que el Sr. Presidente nos diera la palabra, tras ese momento dijimos adiós a esos nervios que tanto nos habían martirizado, no hay mejor sensación que esa y nadie la puede contar mejor que nosotros.


Se acababan las conversaciones y volvía a nosotros el cansancio y el sueño que se apoderaba de nosotros, sí, nos habían advertido de ello, era el virus MEP (Model European Parliament) que nos transmitía ilusión por seguir adelante ya fuera a base de coca-colas o de cafés.
He de nombrar a las personas que más especial hicieron esa estancia además de los numerosos delegados, me conmovieron los discursos del presidente, de Sonsoles Castellano, Presidenta de la Fundación San Patricio, D. José María Gil Robles, ex Presidente del Parlamento Europeo, D. Carlos Mª Martínez, Director de Obra Social Caja Madrid y D. Juan López Martínez, Subdirector del Ministerio de Educación y Ciencia.





Ese sueño poco a poco se iba haciendo realidad, ibamos consiguiendo tras numerosos debates y horas y horas reunidos la redacción de tantas claúsulas como propuestas teníamos para solucionar temas que nos importaban demasiado como para dejarlos pasar sin más. Tras casi 17 horas con los tacones puestos, nuestros pies ya no sentían dolor alguno. Estábamos cansados pero realizados.



Cogimos el bus, la despedida estuvo llena de abrazos fue lo peor de todo, habíamos compartido tanto los noventa eurodiputados que llegamos allí, que parecía mentira que ya se hubiese acabado. Fue demasiado bonito para ser verdad. Teníamos claro que no íbamos a recordar todos los nombres de las personas con las que entablamos amistad o hablamos esos días, pero yo ya he abierto una sección en mi memoria llamada MEP, ¿ha merecido la pena? Ya lo creo que sí.