lunes, 29 de marzo de 2010

Nula die sine linea

Como dijo una vez, ya hace mucho tiempo Plinio el Viejo, un día sin escribir, no puede tener cabida. Por naturaleza, nosotros, los amantes de las letras consideramos vital la necesidad constante de escribir, tal es así que nos podemos despertar a las cinco de la mañana empapados en sudor tras una pesadilla con una idea, que nos vemos con necesidad de apuntar, no vaya a ser que se nos olvide. Es pura rutina, al menos una línea al día, es como el chocolate, que de vez en cuando no hace daño y supone toda una tentación.