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martes, 7 de junio de 2011

Ya son más de las doce

Vuelve a estar entre mis manos y lo disfruto.
"Se le volvía a subir el cuello y tiró de él para abajo. El maldito botón era demasiado pequeño para el ojal de la camisa, maldita sea".

JOYCE, James.

lunes, 18 de abril de 2011

¿Qué es eso?

Alguna molestia. Espera un poco. Aguanta sin moverte.
Con la boca abierta y la cabeza echada muy atrás, él se quedó quieto y, al cabo de un momento, estornudó ruidosamente.
-¡Achú! -dijó-. ¡Vete al demonio!

Anoche he...pillado un resfriado...vete al demonio....anoche...y había mucha corriente...

JOYCE, James. Ulises.

No es guapa, ¿verdad?

El modo cómo se levanta un poquito de falda. No sé si ése estará oyendo la banda esta noche. Si pudiera conseguir que esa modista me hiciera una falda acordeón como la de Susy Nagle.

JOYCE, James. Ulises.

domingo, 17 de abril de 2011

Llamadas

Blazes Boylan tintineó alegre dinero en el bolsillo del pantalón.—¿Cuánto son mis pérdidas? —preguntó.

Los finos dedos de la chica rubia calcularon las frutas. Blazes Boylan miró dentro del escote de la blusa. Una pollita.

Tomó un clavel rojo del alto tallo de cristal.

—¿Este para mí? —preguntó con galantería.

La chica rubia le lanzó una ojeada de medio lado, ruborosa: un tipo arreglado a la última, con la corbata un poco torcida.

—Sí, señor —dijo. Inclinándose con malicia volvió a calcular gruesas peras yruborosos albaricoques.

Blazes Boylan miró dentro de su blusa con más complacencia, el tallo de la flor roja entre sus dientes sonrientes.

—¿Puedo decir unas palabritas por su teléfono, señorita mía? —preguntó con picardía.

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JOYCE, James. Ulises.

Modales

¿Viste sus ojos? Te miró con lujuria por i. Por vos temo, oh viejo marinero. Vos estáis en peligro. Buscaos un refuerzo para los calzones.

JOYCE, James. Ulises.

Vaivénes

Van y vienen. Anoche volé. Volé fácilmente. Los hombres se extrañaban. Calle de las putas después.

JOYCE, James. Ulises.

sábado, 16 de abril de 2011

Mi voluntad

Separase. Ahora es el momento. ¿Dónde luego? Si Sócrates se marcha hoy de casa, si Judas sale esta noche. ¿Por qué? Eso está en el espacio a que debo llegar con el tiempo, ineluctablemente. Mi voluntad: su voluntad que se me pone delante. Mares entre medio. Un hombre salió entre ellos, inclinándose, saludando. Buenos días otra vez.

JOYCE, James. Ulises.

Una de Joyce

Cada cual su propia mujer

O una luna de miel en la mano

(una inmoralidad nacional en tres orgasmos)

Por Pelotías Mulligan

JOYCE, James. Ulises.

viernes, 20 de agosto de 2010

Otra

Paralelos cambiantes, campaneantes y tintineantes y así se sentían, porque en cualquier momento, sus caminos cambiarían y las dos trayectorias tambaleantes dirían un sí aclamado a la propuesta terremotil.

James Joyce

martes, 17 de agosto de 2010

Celebrando a Joyce

"Los términos alambicados, para el que no lo sepa, sutilmente tratados, eran los que nos estaban llevando por ese camino, al que no sabíamos si íbamos a regresar, al de la felicidad remota."

James Joyce.


lunes, 16 de agosto de 2010

El corazón de la metrópoli 'hibernaria'

El corazón de la metrópoli 'hibernaria' pone boca abajo los tiestos y las macetas de las plantas, hiela las calles y da bocanadas a dientes ajenos. Pulula por la ciudad buscando un amor correspondido. Los 14 (porque febrero se le queda corto y escaso), los tranvías le saludan a su paso vibrante y la gente aplaude su puesto. El reloj del ayuntamiento parece echarle de menos ultimamente y eso que aún es 13. El corazón de la metrópoli hibernaria quiere emigrar y hacerse un sitio, harto de bombear en un campo de granadas y ansioso de esperar a que alguien entre al campo de minas, mientras va helando almas. Dicen que los amores congelados son los que duran para siempre, los que te hacen apretar la mano por si el otro se va y para que no se vaya; los que hacen los abrazos eternos y los que a pesar de ser fríos, en un momento, sus cenizas pueden comenzar a arder en el brasero y avivarse más intensamente que nunca,

(o no avivarse hasta que reúnan las suficientes fuerzas, claro).

Joyce caracterizó a la metrópoli con este curioso término inventado, 'hibernaria' y yo misma he hecho que no se extinguiese.